Chema Madoz expone en el Museo Barjola su colección de fotografías. Una búsqueda de relaciones y vínculos entre los pequeños detalles cotidianos y el entrono
Cuando en 2000 Chema Madoz recibió el Premio Nacional de Fotografía, su obra acababa de ser objeto de una amplia retrospectiva en el Museo Reina Sofía. Ello hizo que la exposición que debió mostrarse entonces con motivo del galardón se pospusiese cinco años, en los que el fotógrafo madrileño materializó un trabajo expuesto en 2005 en Telefónica.
Ese periodo, representado a través de unas setenta fotografías, es el que ahora ocupa dos plantas del Museo Juan Barjola con una selección del preciso y poético juego de Madoz con las ideas, los objetos comunes y su plasmación en una fotografía siempre asombrosa y depurada, que comparte, desde su propio territorio, el espíritu de la greguería, el «haiku», el «object-trouvée» surrealista y el catálogo de objetos curiosos.

Madoz busca relaciones y vínculos entre los pequeños detalles cotidianos y el entorno. Los objetos que habitualmente miramos desde el prisma del uso se abren en sus fotografías una puerta a otros significados. Para ello, Madoz, se apoya en las posibilidades de la analogía, el contraste, la asociación simbólica, la armonía o disarmonía secreta entre cualquier objeto, para construir una suerte de mundo paralelo de los enseres que nos rodean. Así, «una cuchara puede arrojar la sombra de un tenedor, dos horquillas pueden convertirse en un jeroglífico del llanto o una horma de zapato -emblema quizá de la errancia- se puede convertir justo en el emblema de lo contrario cuando la madera de la que está fabricada echa raíces».


A este artista no le interesa lo digital, aunque reconoce que es una herramienta que abre nuevas puertas para manipular la realidad, él persigue que todo tenga un toque de veracidad, crear imágenes evidentes, atractivas y poderosas a partir de objetos cotidianos que, sometidos a diversas transformaciones, producen un efecto sorprendente y con mayor valor. Su mejor estrategia creativa es situar los objetos cotidianos en un nuevo lugar que ante la cámara emiten otras señales diferentes.
La colección de fotografías de Chema Madoz en blanco y negro aporta también una distancia melancólica. “La escala de grises convierte a las cosas en sombras que desvanecidas en un mundo irreal se expresan como fantasmas”.
“Esta colección de fotografías de Chema Madoz nos propone por tanto un juego de percepción. Las imágenes nos hablan, nos proponen un paseo por el entendimiento. Pero no se trata aquí de descubrir la solución de un jeroglífico. El enigma está resuelto. Era antes de que el artista descubriera su resolución plástica donde se encontraba en potencia el insondable sentido de las cosas que, silenciosas y quietas en el lugar que les adjudicamos, se pasan todo el tiempo hablando”.
Información
- Exposición: “Chema madoz 2000-2005″.
- Fechas: Del 7 de agosto al 28 de septiembre de 2008.
- Lugar: Museo Juan Barjola, Gijón.
Fuentes: Chema Madoz; Museo Barjola; Masdearte; La Nueva España.
Publicado por María José Gadea
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