El cuerpo herido: Dedicatorias de Paloma Navares en la Galería Isabel Hurley
El 29 de noviembre pasado abrió sus puertas un nuevo espacio expositivo en la ciudad de Málaga. La galería Isabel Hurley (Pase de Reding, 39 bajo) viene a acentuar la imagen de una ciudad comprometida con el arte contemporáneo, que tiene su máximo referente en el CAC Málaga al tiempo que lentamente estructura una red importante de lugares que redundan en su propia capacidad de ofrecer interesantes proyectos de cara al mercado. En este sentido, la presencia de esta galería aporta un halo de optimismo en un momento en el que la tendencia parece ser la inversa, es decir, hay una decidida actitud por buscar otros terrenos y experiencias fuera de Andalucía.

Paloma Navares, Pensamientos, 2005
Para su puesta de largo, Isabel Hurley presenta el proyecto de Paloma Navares (Burgos, 1947) denominado Dedicatorias. Este trabajo continúa la senda abierta años atrás con el homenaje a una serie de poetas cuya desaparición entraña toda una larga lista de cuestiones no menos trascendentales como el sentido de la vida, el significado de la muerte o la experiencia del mundo visto desde la perspectiva de las frases que en su cadencia articulan un entramado de posibilidades que, finalmente, puede con el propio ser humano. La larga nómina de presencias se advierte desde el comienzo de la visita donde el espectador aprecia en cada obra la relación directa con el cuerpo hacia el que va dirigido; así, resuenan los ecos de Sylvia Plath, Alfonsina Stornini, Paul Celán, Anne Sexton, Emily Dickinson o Alejandra Pizarnik entre otros. Como trasfondo, la inerte trascendencia de la muerte que aflora en estos cuerpos mediante su propia desaparición, hecho consumado de forma decidida y que ahora adquiere una nueva consistencia en las obras expuestas.

Paloma Navares, Orquídeas - A Machi Shunso, 2007
Existe, por tanto, cierta contradicción plausible: no localizamos los organismos sobre los que gira el tema de la muestra pero sí advertimos su presencia mediante la materialidad de las obras o la inasible perseverancia de las imágenes, a la postre, deudoras de una fuerte carga poética acentuada por la inclusión de textos de los mismos autores. Paloma Navares parte de un difícil encasillamiento para desmarcar su obra hacia otros terrenos no menos afines al significado del arte como vehículo de expresividad sentimental, sin dejar de lado la búsqueda de la obra total. En este tránsito se pueden entender sus trabajos, que aquí se dividen en series que basculan entre la escultura, la fotografía y el vídeo.

Paloma Navares, Jugando con Hachas - A Paul Celán, 2005
La naturaleza sirve de claro referente en el momento de construir estas propuestas que denotan una sinceridad sólo equiparable a la del mismo poema o al entramado vital al que hace referencia. Flores, cantos rodados, el viento, el agua desatada, la mansa presencia del cálido sol, son algunos de los elementos que afloran con insistencia en piezas que definitivamente se dedican como en un intento de hacer presente lo pasado, de crear en nuestro devenir las carencias y los flujos mermados de la vida para que la memoria haga el resto, confiriendo al material, ahora vivo, la fortaleza del paso del tiempo. La fragilidad de la observación de estas obras se compara de forma casi inmediata con la de los cuerpos nombrados, manifestándose sosegadamente entre las imágenes que fluyen incesantemente ante la retina del espectador (El bany, 1987; Cuna de agua. La perla, 1987). Cantos rodados (2004) y Cadmio de Forsythia (2005) son dos esculturas que se plasman en el espacio de la galería en una intensa cascada de levedades que nos alumbran sobre la alteridad del lenguaje de las formas, su complicidad con el entorno y la singularidad de la puesta en escena, recordando en ocasiones a las cataratas lingüísticas de Jaume Plensa. Decía Alejandra Pizarnik que “no/ las palabras/ no hacen el amor/ hacen la ausencia (Extracción de la piedra de la locura) pero gozan éstas de un irrefrenable ritmo que hacemos nuestro con la idea de asomarnos al mundo para apreciarlo en su plenitud que no es más que la mirada contenida de la vida: en cierto sentido las obras de Paloma Navares se dejan mecer por esta extraña sensación, un acercamiento que sabe a lejanía y cercanía al mismo tiempo.
En definitiva, estamos ante una artista de larga trayectoria que incide de manera casi permanente en la importancia del cuerpo trascendido y evidenciado desde su ausencia. Dedicatorias sigue la estela abierta en muestras como Del alma herida (Palazzo Ducale di Sassuolo, Módena, 2007) o Flores de mi jardín (Instituto Cervantes, Toulouse, Palermo, Nápoles, Milán, 2006-2007), donde queda patente su inclinación hacia la representación del entorno más inmediato donde el individuo se deja mecer por aguas mansas o por las turbulencias de un viento querido pero que nos hace alejarnos de las presencias, tal es en su magnitud la respuesta ante las delicadas materialidades de Navares.
La galería Isabel Hurley arranca con buen pie y prosigue su itinerancia por el mundo del arte con otras manifestaciones que vienen a englobar el extenso programa sobre el que se construye el discurso de un espacio acorde con las pretensiones de su directora que busca en la heterogeneidad de propuestas una mirada acorde con las pretensiones de un mercado no exento de críticas pero que originalmente dicta sus propias leyes.
Información esencial
- Exposición: Dedicatorias. Paloma Navares
- Fechas: 29 de noviembre 2007 - 19 de enero de 2008
- Lugar: Galería Isabel Hurley, Málaga (España)
Publicado por Miguel A. Fuentes Torres
1 comentario | Archivado en España, Exposiciones, Fotografía, Galerías, Málaga


Yoshitomo Nara es uno de los artistas contemporáneos más influyente de Japón. Emerge del movimiento Pop de los años 90 y en su trabajo se advierte la influencia del manga, el graffiti y la cultura punk. Su obra se puede clasificar dentro del concepto “Superflat”, que remite a la apariencia plana de creciones bidimensionales, pero en la actualidad su trabajo es cada vez más reflexivo alejándose de un movimiento caracterizado por la simplicidad de la cultura del entretenimiento y del consumo. Nara huye de lo establecido y explora su particular concepto de la niñez. Las niños que inundan su obra simbolizan un mundo marcado por la confusión y la ansiedad, tras la aparente inocencia y vulnerabilidad de sus protagonistas. Sus dibujos tienen la cabeza y los ojos muy grandes y, aunque no sean tan buenos, aparecen angelicales y tiernos, a la vez que sumidos en la nostalgia y el desencanto. Las figuras, de factura sencilla y colores suaves, muestran expresiones adultas; suelen aparecer en primer plano, de frente e inmoviles. Las niñas con cara inocente recordarían a una infancia feliz si no fuera porque aparecen representadas con objetos cortantes, cigarrillos o punzones, como crítica a la incomunicación del mundo adulto. 