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3 de Junio de 2008

El nuevo caballo de Troya: muestra sobre los proyectos semifinalistas en el concurso para la construcción de una escultura de 40/50 metros de alto en Kent, Inglaterra

Desde el 27 de mayo y durante los próximos tres meses, se podrá visitar en Kent, Inglaterra una muestra sobre los proyectos semifinalistas en el concurso para la construcción de lo que será, con 40-50 metros de alto, una de las esculturas más altas de Inglaterra, semejante en tamaño a la Estatua de la Libertad en Nueva York. El emprendimiento, que costará 2 millones y medio de euros se denomina en inglés Ebbsfleet Landmark Project, y busca crear una marca de identidad para el nuevo proyecto de regeneración urbana que se está llevando a cabo en el valle del río Ebbsfleet, al norte del condado de Kent. Con la inauguración de una estación internacional de trenes que comunica con la línea Eurostar y el continente europeo, y la construcción de miles de viviendas y servicios, se espera que aproximadamente 40,000 personas se muden a esta área.

Los proyectos presentados pertenecen a cinco artistas diferentes: Daniel Buren, Richard Deacon, Christopher Le Brun, Rachel Whiteread y Mark Wallinger. Excepto Buren, que es francés, todos los artistas son británicos, y de éstos, todos ellos, salvo Le Brun, han recibido el Turner Prize, premio muy controvertido que se otorga cada año al mejor artista plástico británico menor de cincuenta años. Las propuestas presentadas no podrían ser más diversas.

Modelo de la torre de Daniel Buren

De todas ellas, la de Daniel Buren es la que tiene el mérito de cubrir más claramente dos de los aspectos cruciales del proyecto: por un lado, el impacto visual de la escultura a distancia, y por el otro, la capacidad de la escultura, por su tamaño, de ofrecerse como un objeto arquitectónico a ser experimentado no sólo con la vista. La obra supone la construcción de una torre formada por cinco cubos apilados, los cuales irán decreciendo en tamaño a medida que la torre se eleve; atravesando el centro de la torre, un haz de láser se proyectará hasta cielo, iluminando la torre de noche. A nivel del suelo, y dentro del cubo mayor, un cubo más pequeño –al que el artista ha denominado “el tesoro”— contendrá un espejo que reflejará el cielo y las personas que, luego de ascender una serie de escalinatas, se aproximen hasta allí. Pese a lo abarcador de la propuesta, en términos formales, el proyecto ha recibido críticas ambivalentes. Quizá el aspecto menos feliz de la propuesta sea la búsqueda de un efecto fácil de sublimidad, evidente no sólo en los elementos formales de la obra (el láser/el cielo, el espejo al final del recorrido) sino también en el vocabulario utilizado para describirla.

Como se destaca en la descripción oficial de la obra, toda la construcción será realizada en cemento, uno de los materiales más fácilmente disponibles en la región. En este punto, resulta una tarea interesante relevar los esfuerzos de los patrocinadores por resaltar las conexiones de las obras propuestas con el sitio, ya sea a través de un vínculo (en muchos casos extremadamente tenue) con la historia antigua de la región, sus tradiciones, su producción o su paisaje.

La presentación de la obra del escultor Richard Deacon responde a este patrón de creación de sutiles alusiones y referencias. Deacon ha propuesto la construcción de una suerte de estructura cristalina compuesta por veintiséis poliedros de diferentes formas, apilados los unos sobre los otros. La escultura, según informan los organizadores del proyecto, fue pensada para evocar a los cairns, pequeñas acumulaciones de piedras utilizadas antiguamente por los habitantes de la región para, entre otro usos, designar un sitio de entierro. Esta conexión resulta bastante difícil de percibir. La estructura –probablemente la menos popular de todas las propuestas— hace pensar más bien el armazón de un edificio a punto de colapsar, y evoca menos un pasado anglosajón, que un gris futuro posnuclear.

La estructura cristalina de Richard Deacon

Otro de los proyectos presentados pertenece a la artista Rachel Whiteread, conocida por obras en las que moldea en yeso y otros materiales el espacio vacío dentro de objetos y viviendas. Whiteread ha propuesto construir una suerte de pequeña colina artificial o promontorio, coronado por una de sus desconcertantes viviendas “invertidas”: en este caso, el molde en cemento del espacio vacío dentro una casa victoriana en la que la artista vivió. En la maqueta al menos, y como acertadamente se señala en la página web del proyecto, el conjunto recuerda a los cuentos de hadas; la casa sobre la colina semeja una suerte de castillo encantado en la cima de una montaña. De todas las propuestas, ésta es quizá la menos pomposa, y la única que sostiene una relación material concreta con el sitio de emplazamiento: la colina artificial será construida utilizando la tierra removida para crear Ebbsfleet Valley. Pero la casa –que es similar en concepto a la que la artista emplazara en el este de Londres a comienzos de los noventa— tiene en este contexto algo de forzado. Originalmente, la obra se presentaba como una delicada exploración de la relación entre la memoria y los espacios; en el marco de un proyecto que se propone celebrar un emprendimiento urbano empezado de cero (sin historia), la misma construcción resulta algo incongruente. Aunque quizá, justamente, ésa sea la motivación última del proyecto: la de agregar espesor cultural (memoria, experiencia) donde necesariamente todavía no puede haberlo.

Maqueta de la colina de Rachel Whiteread

El proyecto de Christopher Le Brun es de corte más bien lírico, y consiste en el emplazamiento vertical de un disco blanco semejante a una luna, junto al cual se erigirá, a unos pocos metros, el ala de un pájaro. De los cinco proyectos, y tal como ejemplifican las diferentes fotos, esta escultura es la que mejor utiliza el hecho de encontrarse en el exterior, aprovechando las sombras proyectadas por el ala a las distintas horas del día de modo de crear variados efectos. El proyecto prevé la construcción in situ del disco, vaciando el terreno con la forma adecuada y rellenándolo de cemento. Una vez elevado, la hendidura en el terreno creada por el disco se utilizará como anfiteatro, mientras que la parte trasera del disco, hará las veces de pantalla de cine. La conjunción de lirismo y funcionalidad, sin embargo, no alcanza para ocultar lo que ha sido visto como una cierta tosquedad en el diseño.

El disco y el ala de Christopher Le Brun

Sin dudas, la propuesta más icónica, y la que ha recibido mayor atención de la prensa desde el comienzo del concurso, es la del artista Mark Wallinger. Con astucia, ésta hace de la escala (lo distintivo del proyecto) su punto de ataque. La obra propone construir en el sitio un gigantesco caballo blanco, idéntico hasta en sus últimos detalles a un caballo real, excepto en lo que hace al tamaño: el caballo será 33 veces mayor que un animal real (los visitantes apenas le llegarán a los cascos). De seleccionarse esta propuesta, será empleada tecnología similar a la utilizada en la ingeniería naval para construir el animal, cuyo cuerpo será armado de un modo análogo al que se construye el casco de un barco. Al menos en las fotos digitales, la presencia del caballo en una campiña inglesa miniaturizada no deja de tener un costado humorístico. Sin embargo, nada descarta que, una vez construido en la realidad, el animal le otorgue a la ciudad un aire como de parque temático.

El caballo de Mark Wallinger

La muestra, que se realizará en un centro de compras en Kent, proveerá mayor información y material visual sobre los proyectos; se espera también que el público dé su opinión sobre las diferentes propuestas y que seleccione su favorita. La decisión final será anunciada en octubre de este año, y estará en manos de un panel compuesto por los patrocinadores del proyecto y un grupo de expertos en arte.

Independientemente de cual sea la obra elegida, la voluntad de erigir un escultura de estas proporciones demuestra que, en el presente, no todas las formas del monumentalismo –asociado con la arquitectura fascista, o una suerte de gusto kitsch norteamericano—son vistas con malos ojos: big is beautiful (todavía).

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Esta entrada ha sido publicada por Paula Porroni el 3 de Junio de 2008 a las 20:59. Está archivada bajo los siguientes temas Convocatorias, Escultura, Reino Unido.

 

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